Un alegato a la cordura o una protesta en forma de artículo es lo que quiero plasmar en estas líneas. Pero antes de continuar, quiero aclarar que a un servidor siempre le ha gustado la navidad, en su tiempo y forma. Es una de las épocas del año en las que el estado anímico cambia y está uno más contento. Tampoco podemos obviar que se pasa mucho tiempo con la familia, a diferencia de otras épocas del año, y por supuesto, se come, jamón, salchichón, turrón sidra y diversos manjares que si bien podríamos catar el resto del año, en navidades nos venimos arriba.
Ahora bien. Este año desde mediados de octubre los supermercados, uno de ellos la cadena valenciana cuyo nombre no hace falta que les mencione, ofrecen productos navideños en sus estantes, especialmente los gastronómicos. Por si esto fuera poco, las diferentes ciudades y municipios de España compiten por la carrera de «A ver quién enciende antes la iluminación navideña en sus plazas y calles». La primera, sin dudarlo, fue Vigo el pasado 15 de noviembre. La semana siguiente le siguieron las demás.
¿Y además de esto, los villancicos suenan ya? Sí, en las calles desde finales de noviembre, durante los espectáculos de iluminación, empieza a sonar el «All I want for Chrismas is you» de Mariah Carey. Cuando sea 24 de diciembre no vamos a tener ganas de cantar en nochebuena en las cenas familiares. Tampoco de comer turrón, polvorones, mantecaos…, salvo que no nos dejemos llevar por esta ola consumista.
¿Y el «Black Friday»? Otro elemento que se añade a este cóctel explosivo-impulsivo. ¡Compra compra compra máááááááááááássssss!
EN definitiva, si no nos dejamos arrastrar por esta vorágine, y tenemos paciencia a llegar a mediados de diciembre, disfrutaremos la navidad con sus valores reales, y aunque incluyamos en cierto modo algunos excesos, no supondrán ni el gasto de dinero ni la desilusión que conlleva que desde mediados de noviembre empecemos ya a comer turrón y derrochar dinero sin necesidad en productos que luego, con el paso de los días, dejarán de apetecernos y dejaremos que caduquen en la despensa.
Y tras esta queja, que espero no se haya hecho larga, simplemente les deseo a todos aquellos que me estén leyendo, una feliz navidad, y que el 2026 sea si no mejor, igual que el año que dejamos atrás.
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